Ruta de las Fuentes y Caños
FUENTE DE LA PLAZA MAYOR
A lo largo del siglo XIX, la nueva visión de la ciudad impulsó un ambicioso proyecto de embellecimiento urbano. Plazas y plazuelas comenzaron a definirse por la presencia de edificios monumentales, fuentes —muchas rescatadas de los claustros de conventos desamortizados— y pilares de muy diversa tipología. Estos elementos, elaborados en nobles materiales como la piedra y el mármol, no solo decoraban, sino que marcaban el carácter y la identidad de cada espacio público. En este contexto, el 18 de septiembre de 1873 se llevó a cabo el traslado de una fuente situada en la Alameda hasta el centro de la plaza Mayor, que había perdido la que la adornaba desde el siglo XVI. La operación, delicada y minuciosamente planificada, se adjudicó mediante subasta en la que se establecieron estrictas condiciones para evitar cualquier deterioro. Aprovechando el desmontaje, se ordenó además la limpieza de las piezas de mármol que la componían. Para cubrir los gastos, se destinó la recaudación obtenida durante la feria a través de los derechos de los guías de ganado, completando lo restante con fondos de otros capítulos presupuestarios. El coste final de la intervención ascendió a 1.980 reales. Esta intervención incorporaba, aunque a pequeña escala, un jardín cerrado alrededor de la fuente, delimitado por un conjunto de rocallas y una elegante verja. La idea seguía las corrientes europeas que promovían la creación de espacios ajardinados en torno a esculturas o surtidores, inspirándose en el modelo del square inglés y en ejemplos cercanos como la remodelación de la plaza granadina de Bib-Rambla en 1866. Este tipo de diseño, muy difundido en numerosas ciudades españolas del siglo XIX, alcanzó especial protagonismo durante la época Isabelina y la Restauración.